Relatos tras el café humeante | Duelo en la niebla

   Hay ocasiones en las que la inspiración agarra las cuerdas de nuestra imaginación y las hace vibrar con esa habilidad que tan solo ella posee, y eso conduce a una idea con la que se puede dar forma a una narración. A veces se manifiesta como una chispa fugaz que cuesta ser retenida, otras como consecuencia de un sueño, y también puede hacerlo plantándonos una imagen a la que nos obliga prestar atención sin que podamos escapar de ello. El relato que voy a contar surgió como consecuencia de esto último.

   Una madrugada invernal en una estación de trenes de cercanías descubierta. Tras pasar por las taquillas instaladas en el interior de un pequeño edificio, una escalera permitía descender a los pasajeros hasta los andenes situados en una hondonada a la intemperie. Sabía, a raíz de su experiencia diaria en el lugar, que era preferible aguardar la llegada del convoy allí, junto a la vía, puesto que los usuarios que descendían del mismo copaban la estrecha vía escalonada para poder acceder al exterior de las instalaciones e imposibilitaban el descenso a los que intentaban tomar el tren en el último momento. Lo sabía pero, aun siendo consecuente con ello, nada evitaba tener que resguardarse bajo el paraguas si llovía o aguantar el frío que calaba los huesos durante el invierno.

   Y aquel amanecer estaba siendo acompañado por una espesa niebla que casi no permitía ver nada más allá de los alrededores: las dos vías sobre las que circulaban los trenes en una dirección o en su contraria, el andén central entre ambas y los dos andenes laterales en uno de los cuales se encontraba él. Miró hacia el opuesto en el otro extremo de la estación, donde finalizaba el último tramo de la escalera de descenso. Varias personas aguardaban allí también. Algo más lejos, la pendiente de la hondonada tenía menor inclinación y se había aprovechado esta circunstancia para cubrir la superficie con césped y colocar un puñado de árboles dispersos. Pensó que mejor era eso que nada y se entretuvo en contemplarlos para soportar mejor la espera.

   Fijó su mirada en varios cipreses que guardaban proximidad entre ellos; algo le había llamado la atención. Dos en primer término, uno frente a otro; ante él, a su derecha y a su izquierda; altos y fuertes. La forma de huso de sus copas inmersas en ese amanecer neblinoso le hizo imaginárselos como dos hombres del siglo XIX, bajo oscuras capas y cubiertas sus cabezas con sombreros. ¿Qué hacían allí?

   Un poco alejados de ellos, otro par de cipreses algo más bajos pero igualmente robustos; expectantes ante la inminente reacción de los otros dos, como buenos padrinos del duelo. Y es que de eso se trataba, de un duelo. Los dos árboles más altos, ofensor y ofendido, iban a dirimir sus diferencias, y los más bajos les representaban en esa confrontación de caballeros actualmente inexistente y casi olvidada en el tiempo. Pero allí estaban ellos para recordárselo a él, aunque fuera por última vez.

   El frio, la tenue luz del día que nacía envuelto en la niebla; los duelistas extendiendo su brazo para apuntar con su pistola al adversario y resolver el lance… ¿Cuál sería el resultado?

   La megafonía anunció la entrada de ambos trenes al tiempo que estos ya se detenían ocupando su posición junto a los andenes y ocultando el campo del honor de los cipreses duelistas. Los pasajeros descendieron de los vagones y él, junto a otros usuarios, accedió al interior para iniciar el trayecto hacia su lugar de trabajo. Al otro lado de la ventanilla tan solo pudo ver el otro convoy que permanecía detenido mientras que el que le llevaba iniciaba la marcha en pos de su destino. No pudo escudriñar más allá; imposible volver a contemplar la escena del duelo tras tomar la primera curva. La niebla ya se estaba despejando y pronto la luz del sol se volvería a imponer. ¿Qué habría sido de los cipreses duelistas? Tal vez, al día siguiente y a la misma hora…

   Disfrutemos de lo que esta semana pueda depararnos.

2 comentarios sobre “Relatos tras el café humeante | Duelo en la niebla

  1. Cuando la imanación está en lo más alto de cualquier cosa surge un mundo. Tu historia ha empezado en una cosa y ha acabado en otra, o así me ha parecido según iba leyendo. O, mejor dicho, mi imaginación iba por un lado y la tuya por otro hasta coincidir.
    Un beso enorme y disfruta el finde.

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