Relatos tras el café humeante | El destino burlón

   En esta ocasión he optado por basarme en mi microrrelato de 100 palabras aportado para el Reto de Lídia Castro Navàs (Escribir Jugando) de marzo del 2022, El destino burlón, para originar una nueva historia.

   Como a diario, consumía su pausa laboral en la cafetería, soñando despierto. El reloj indicaba que le quedaba poco para reincorporarse. Una brevedad; no, una exhalación; dejaría sus pensamientos aparcados. Sintiéndose viejo, hastiado, recordó…

   Antaño, una vez, le sugirieron participar en un experimento: la catapulta temporal retroactiva. Retomaría su vida en un punto anterior, sin cometer los mismos errores; era experimental… no resultó.

   Se vio incapaz de corregir sus acciones pasadas; todo salía igual, algo no le dejaba. Solo revivió un calco de su propia existencia.

   Las manecillas marcaron el fin de su descanso. Sueños inacabados. Todo seguía igual.

   Y, así un día tras otro mientras duraba la semana de trabajo. Años atrás, siempre esperaba ilusionado la llegada del viernes ansiando disponer de más tiempo para ser feliz con su familia, con su esposa… Pero aquello se iba al traste en cada una de las ocasiones, un fin de semana tras otro, y luego otro… todos ellos. El destino no cesaba de burlarse de él golpeándole donde más le dolía. Siempre aparecía algún que otro pariente necesitando la ayuda de su esposa como si ella fuese la única persona a la que podían recurrir, cuando había otras.

   Con el tiempo optó por resignarse y volcarse en su actividad laboral donde siempre se le reconocía su buen hacer y se le respetaba. Debido a ello, sus compañeros lo habían erigido como su líder nato. Sin embargo, cuando llegaba el momento del fin de jornada del viernes, salía a la calle con esta frase en mente: «Es viernes y vuelvo a estar solo».

   Reflexionando, creyó dar con la clave. El secreto residía en disfrutar el día a día y no limitarse a esperar el fin de semana. Lo habló con su esposa y ella pareció entenderlo; pero tampoco; esos parientes… el destino se volvía a burlar.

   Con su esposa siempre ocupada en sus cosas, resolvió refugiarse en su entorno laboral llegando a compartir sus pausas en la cafetería con un compañero con el que fue trabando cierta amistad. Sobrevino el otoño y su amigo se había tomado unos días de vacaciones; echaba de menos esas breves charlas con él sobre cualquier tema que se terciara. Y, fue entonces cuando sucedió.

   Aquel viernes otoñal, como en los últimos días, se había tomado su breve interrupción laboral más tarde para que le restase menos jornada para finalizar. Volvió al trabajo y, una vez cumplido su horario, regresó a casa como solía hacer, paseando por un parque público ajardinado con gran acierto. Era su forma de relajarse antes de llegar a su hogar. Convivían allí diversas especies de árboles que le resultaban singulares en su conjunto por el hecho de poderse seguir en ellos el ciclo de las estaciones, pues algunos perdían las hojas entrando el otoño y los otros las conservaban de forma permanente sirviendo de telón de fondo para los primeros. Recordó que nuevamente era viernes y que estaría solo. Ensimismado, le pidió al destino que le diera una señal indicándole que, al menos algo, aunque fuera de poca importancia, iba a cambiar en su vida para bien.

   Y al instante observó como una de las hojas secas, tras haberse desprendido desde la rama más alta, descendía describiendo pequeños movimientos circulares. Le llamó la atención la belleza de esa escena, tantas veces repetida con el paso de los años, pero que nunca había sabido apreciar antes como lo hacía en ese momento; era verdaderamente extraordinario. Contempló la hoja levitando sobre el suelo, mantenida en ese estado por una corriente de aire que, inexplicablemente, partía hacia arriba originada desde el propio pavimento compacto y opaco de la plaza. ¿Era esa la señal esperada? Tal vez no… pero él prefirió creerlo así.

   Ya se tratase de un extraño fenómeno si más consecuencia o de un verdadero indicio de cambio favorable, lo cierto es que continuó su paseo con sus expectativas renovadas. Quizás el destino se había aburrido de burlarse de él y había preferido cebarse con otra víctima…

   Mis mejores deseos para esta semana.

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